#StopBullying

Muchos teóricos han definido el concepto de bullying o acoso escolar, y en la actualidad coexisten diversos tipos de acoso (los cuales animamos a investigar) tanto presenciales como cibernéticos; sin embargo hay consenso al destacar tres características fundamentales y comunes a todos ellos: a) hay intencionalidad de hacer daño a la víctima, indefensa; b) existe un desequilibrio de poder, de forma que el agresor ejerce su poder sobre la víctima; y c) estas agresiones (físicas, verbales o sociales) se repiten periódicamente.

Hoy 2 de mayo recordamos una lucha de 365 días: la lucha contra el acoso escolar. ¿Y por qué es tan importante actuar contra este fenómeno conocido como bullying?

Las consecuencias de este dominio son numerosas y afectan a todos: víctima, acosador, espectadores y sociedad (Garaigordobil y Martínez-Valderrey, 2014). Entre los efectos que causan en las víctimas podemos encontrar miedo, fobia, infelicidad, inseguridad, ansiedad, baja autoestima, problemas de salud somática y emocional e incluso ideas suicidas. Por su parte, el acosador tampoco se libra. La asunción de un patrón de conducta agresivo (potencialmente antisocial) como estrategia de relación y resolución de problemas y el riesgo de ser penado legalmente, pueden destacarse como consecuencias para el agresor. ¿Y qué pinta aquí la sociedad, los espectadores? La continua exposición a la violencia lleva a una desensibilización ante las agresiones y a la identificación de las conductas abusivas con medios para conseguir el éxito social, lo que mantiene este ciclo de violencia.

¿Qué podemos hacer como contexto socializador?

  1. Eduquemos en el respeto y la NO violencia, con base en la tolerancia y la empatía.
  2. ¡DENUNCIA el acoso! Basta de ser un observador pasivo.
  3. No menospreciar la importancia de las agresiones.
  4. No responder a la agresión con más agresión.

Tips para padres:

  • Observar al niño. Estar atento a cambios radicales en su conducta, en hábitos alimenticios, rutinas, etc.
  • Escucharles y crear un clima de confianza.
  • Reforzar su autoestima. Recordarles que NO tienen la culpa de ser agredidos.
  • Guardar pruebas para una posible denuncia.
  • Comunicar la situación al centro escolar. Cuenta con un protocolo de actuación específico.

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